Ganar las 24 Horas de Le Mans es lo mejor que me ha pasado en mi carrera deportiva. El día mismo de la victoria ni me di cuenta de la hazaña conseguida y es ahora, ya más relajado, que me percato del gran éxito. El hecho de ser el primer español en conseguirlo aún lo hace más impresionante ya que entras a formar parte de la historia. Una carrera como ésta no es nada fácil y por muy preparado que vayas, siempre hay sorpresas de última hora que pueden lanzar por la borda toda la ardua preparación. La experiencia juega un papel fundamental y la moraleja es que sin aprender de los problemas de las últimas participaciones, no hubiera llegado a lo más alto en esta ocasión.
Reconozco que soy una persona a quién cuesta emocionarse, pero en la última vuelta me cayó alguna que otra lágrima al ver todo el público en pie, los monoplazas de Peugeot alineados y los oficiales de pista hondeando las banderas. No era plenamente consciente de lo que estaba pasando, pero esa imagen quedará fija en mi memoria para siempre como uno de los momentos más especiales de mi vida. Un momento que es fruto de un impecable trabajo de equipo.
Fueron 24 horas de tensión constante, pero plagadas de anécdotas. Sólo para empezar, casi me pierdo mi primer relevo! Estaba planificado sobre las 17 horas, pero el equipo decidió aprovechar uno de los múltiples safety-car para que relevase a Wurz antes de tiempo. Recibí una llamada por teléfono, ya que yo estaba descansando en el motorhome y tuve que cambiarme por el camino sobre mi scooter pilotando por el parking de Le Mans. La verdad es que no fue la mejor manera de empezar mi actuación, pero por suerte, no tuvo consecuencias.
La carrera fue avanzando, los tres pilotos estábamos muy unidos e integrados con los mecánicos y el ambiente en el equipo era muy bonito. Sobre las nueve de la noche, cuando el Audi y el Peugeot número 7 tuvieron problemas, empecé a pensar que las cosas se ponían bien. Sin embargo, mi experiencia pasada no me dejaba ilusionarme, ya que faltaban muchas, muchas horas. A esas horas es cuando vi una nube de humo sobre una parte del circuito, la visibilidad era limitada y pensé que algún accidente grave había ocurrido. Sorpresa fue la mía cuando me enteré que ese humo era de las barbacoas de los miles de aficionados… era hora de cenar en Le Mans!!! También llegó la hora de dormir en Le Mans y mientras los espectadores descansaban, para nosotros las horas iban pasando y seguíamos primeros!
Aunque mantuvimos esa posición hasta el final, la tensión fue constante ya que el monoplaza número 8 de Peugeot nos pisaba los talones. Así llegó el momento de mi último relevo, las diferencias eran mínimas y no había margen de error. El equipo empezó a pensar en las ordenes de equipo pero aún así nuestros compañeros de equipo se convirtieron en nuestros máximos rivales al ser las diferencias entre nosotros siempre inferiores a una vuelta. A media hora del final, en mi último pit-stop, el equipo se olvidó de limpiar el parabrisas y tuve que volver a entrar al cabo de unas vueltas. Allí pensé que lo habíamos perdido todo, pero salimos del pit-lane delante del número 8 y volví a respirar.
Y así llegó la última vuelta, con los tres Peugeot en línea celebrando la victoria. La gente en pie aclamando la deseada victoria de Peugeot tras tantos años de dominio de Audi y el ambiente en el circuito era impresionante. Sin embargo, yo seguía pensando que no podía relajarme ya que cualquier error podía ser letal. Sólo empecé a celebrar el triunfo cuando era la Hora 24, la hora que marcará un antes y un después en mi carrera deportiva.

